¿Qué se ama cuando se ama?


Foto sacada de internet. Autor desconocido.


¿Qué se ama cuando se ama?
Es la pregunta formulada en un texto cualquiera en el trajín cotidiano. Ipso-facto entra por mis sesos la pregunta de amplias ramificaciones, que de pronto se expanden en el inconsciente y que sirven pa' destapar la frente y preguntar en forma coherente: 

¿Qué se ama cuando se ama?
¿La totalidad o fragmentos de la misma? ¿Se ama el gesto y la palabra o más bien los silencios? ¿La compañía modesta o la presencia estrepitosa? Hay quienes siempre aman en ocaso, otres, solo cuando clarea el alba. 
Algunes aman al beber de aguas cristalinas que nacen y mueren en el beso de la boca que despierta toda utopía. Y tantes otres que aman en danzas fervorosas de fuego y arreboles. Se ama tal vez en calma y también en tempestad. 

¿Amamos al dar (nos) o solo al recibir? ¿Se ama en la expectativa o en la aceptación? ¿Cuántos ideales construidos en torno al amar? ¿Cuántos supuestos, cuántas condiciones? ¿Amamos el cuerpo o el alma que le habita? ¿Afinidades o diferencias?

Hay seres que aman el instante efímero y otres para quienes amar es la hoguera eterna a la que regresan una y otra vez. 
He conocido algunes que aman a más de una persona a la vez y también a otres que aman sólo a une toda la vida; quien que se encuentre habitando la insensatez, que lance el primer juicio.

¿Amar acaso, es aquella intensidad que nos recorre la piel y llega a los huesos, estremeciendo lo sentidos, encendiendo nuestro fuego, nuestros demonios y la pasión desbocada, la misma que eleva el pulso y toca todo con su furia? O, ¿Amar es esa calma que  ecualiza, la suavidad que nos abraza y lleva por cándidos mares que ofrecen paseos siderales, acunando las almas que danzan sobre armónicos de suavidad y misterio?

Tantos seres como estrellas en el firmamento multiplican las inconmensurables formas de amar, en la combinación de sus elementos, ¿qué hay del burbujeo colorido que emerge del pecho de la madre al oír la voz de su criatura diciendo "mamá"?

¿Será entonces amar, un arte como pregona Fromm? ¿Es una decisión y por tanto una construcción? O, ¿es acaso un estallido indisoluble de dos (o más) personas que se encuentran? ¿Química o alquimia? ¿Erotismo desbordado o la quietud de las cosas cotidianas? 

¿Amamos los destinos rotos y las almas doloridas o amamos a seres completos que no han sido tocados por los embates de la existencia? ¿Amamos en líneas rectas o en formas curvas? ¿La autenticidad o las apariencias? ¿Amamos a pecho descubierto o a través de corazas de indiferencia?

¿Amar es también una forma de morir? Muerte al ego que se consume cuando se cae toda máscara y surge el ser completo desde los recovecos de la inconsciencia.

¿Amar es transformación o permanencia? ¿Quietud o movimiento? ¿La esencia o la forma?
¿Será amar una especie de lenguaje divino que nos conduce como el instinto conduce a la araña que teje su red con infinita perfección y paciencia? ¿Puede ser entonces nuestra materia prima, nuestro mayor arte recubierto de innumerables barreras que nos desconectan y nos encierran en las cárceles mentales del "yo" individualizado como mera parte de un todo incapaz de observar su inefable grandeza y eternidad?

¡El amar requiere ser develado en todas sus formas!

Tal vez la respuesta sea sencilla y radique en el goce mismo del arte de amar, más allá del objeto, las fórmulas o las formas.
Tal vez amar sea un eterno ocaso, un devenir entre la vida y la muerte, un punto medio que permite hallar el camino para volver a la fuente.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Al lobo de la estepa

Cuatro elementos, cuatro direcciones.