Conectados desde el origen.
![]() |
Al nacer, la criatura humana se enfrenta a un medio hostil donde depende absolutamente de las personas a su alrededor... Y es el adulto el responsable de satisfacer todo tipo de necesidades que la criatura no puede por sí misma; afectivas, emocionales, alimenticias... Proporcionándole calor y contención para que la cría se adapte a este nuevo medio aéreo y sujeto a la gravedad, pues en el útero, (que es todo lo que conoce), vivió arrullado por el líquido amniótico y los sonidos provenientes de los latidos del corazón de la madre y los armónicos ruidos de sus vísceras...
El niño o niña, es un sujeto indiferenciado porque para él o ella no existe distinción alguna entre su cuerpo y el cuerpo de quien lo mece, lo alimenta y le proporciona calor. Aún no descubre que esos movimientos provienen de otra fuente. Su cerebro y su sistema nervioso, inmaduro aún, ya que debe pasar al menos los siguientes 9 meses después del parto, desarrollándose y alcanzando, a través de su cuerpo y los cuidados que recibe, una incipiente conciencia de su propia existencia, mientras se adapta a este nuevo medio, lleno de estímulos, sonidos, roces, caricias, carencias, hambre, frío...
En el útero no requiere nada, pues el perfecto cuerpo de su mamá le brinda todo lo que necesita para su supervivencia... Sin embargo, fuera de la matriz tierna y protectora, requiere del contacto piel a piel en forma constante para poder sentirse integrado, seguro y satisfecho... Es la relación de apego y la satisfacción de sus necesidades físicas y emocionales las que le hacen sentirse un ser completo. En el fondo, es la madre el primer objeto que conoce, pues el bebé actúa sobre ella: es el primer cuerpo que le ayuda a liberarse de la carencia interna, de las nuevas sensaciones desagradables, ya que ella y la tribu que la rodea (padre, hij@s, herman@s, otras madres, abuelas, abuelos, etc.), en su magia, inundan las primeras interacciones del bebé en un manto de contacto, de sensaciones buenas, de suavidad y de felicidad...
Dependiendo de la calidad de los cuidados con los que viva, del calor recibido, de las necesidades satisfechas a tiempo (o no), comenzará a realizar una rudimentaria discriminación entre sensaciones que son placenteras y las otras, que no lo son... Muchas huellas quedarán registradas en su piel, dependiendo de cómo sea o no tratado, abrazado o manipulado.
Dependiendo de la calidad de los cuidados con los que viva, del calor recibido, de las necesidades satisfechas a tiempo (o no), comenzará a realizar una rudimentaria discriminación entre sensaciones que son placenteras y las otras, que no lo son... Muchas huellas quedarán registradas en su piel, dependiendo de cómo sea o no tratado, abrazado o manipulado.
Así va creciendo el cachorro humano, experimentando nuevas sensaciones, nuevas formas de producir efectos interesantes en el medio... Llorará cuando tenga hambre, frío o calor y reirá cuando su madre lo alce en brazos y pueda sentir el latir de ese corazón que le acompañó desde su génesis, mientras la leche burbujea en esos pechos redondos y rebosantes de vida que sólo existen por una razón y están ahí para arroparlo en su dulzura y perfección... Rodará cuando su cuerpo le permita probar nuevas y graciosas posturas, chupará sus manos y descubrirá un mundo de posibilidades en esas dos extremidades que parecen pegadas a su cuerpo pero que apenas logra dominar, sin embargo le causan gran curiosidad y asombro.
Poco a poco, comienza a descubrir que su ser puede generar cambios en su entorno... A medida que sus posibilidades aumentan y va teniendo mayor dominio de lo que ocurre alrededor, a través de su actuar en el mundo, se va transformando interna y externamente la criatura humana, pues comienza a ser consciente que es un cuerpo y que a veces la madre está ausente. Eso le causa un gran dolor; ahora se siente desvalido y desintegrado, con miedo a perderse en el abismo...
Por ello, requiere actuar, moverse, vivir su cuerpo y volver a sentir el placer de recuperar la agradable sensación de presencia y existencia que le otorga su madre, necesita recuperar al objeto-madre.
La acción es placer para el cachorro humano, quien tiene en su cuerpo un registro de "acciones" que le recuerdan a su madre y le permiten "recrearla", en el sentido rudimentario de la palabra, mientras ella se encuentra ausente. Las repite, una y otra vez hasta que la madre aparece nuevamente, "entonces se sentirá satisfecho y dejará de repetirlas" (Aucouturier, 2004, p.30).
Ahora el niño o niña se siente unificado. Tiene consciencia de sí mismo/a y eso le permite apropiarse del mundo con naturalidad pues es un cuerpo que transforma el medio.
La relación con la madre le ha permitido descubrirse a sí mismo... Pues primero la ha descubierto a ella; el vínculo con su madre le ha dado continuidad a su existencia pues le ha permitido sentirse bien en su propia piel (Aucouturier, 2004, p.40). De ahí en adelante, a medida que crece y pueda ir integrando internamente la unión con su madre, el cachorro humano siempre buscará recrear ese vínculo en todas las acciones que impliquen su cuerpo y otros objetos (correr, saltar, construir, desarmar, llenar, vaciar, rodar, escapar, girar, caer, etc.) una y otra vez, para asegurar su continuidad... Para no volver a sentir el miedo a desaparecer, inconsciente y primitivo que nace de sus primeras interacciones con el mundo.
Ubuntü, es una palabra originaria de una tribu africana que tiene múltiples traducciones, entre ellas: "Yo soy porque nosotros somos".
Por ello, requiere actuar, moverse, vivir su cuerpo y volver a sentir el placer de recuperar la agradable sensación de presencia y existencia que le otorga su madre, necesita recuperar al objeto-madre.
La acción es placer para el cachorro humano, quien tiene en su cuerpo un registro de "acciones" que le recuerdan a su madre y le permiten "recrearla", en el sentido rudimentario de la palabra, mientras ella se encuentra ausente. Las repite, una y otra vez hasta que la madre aparece nuevamente, "entonces se sentirá satisfecho y dejará de repetirlas" (Aucouturier, 2004, p.30).
Ahora el niño o niña se siente unificado. Tiene consciencia de sí mismo/a y eso le permite apropiarse del mundo con naturalidad pues es un cuerpo que transforma el medio.
La relación con la madre le ha permitido descubrirse a sí mismo... Pues primero la ha descubierto a ella; el vínculo con su madre le ha dado continuidad a su existencia pues le ha permitido sentirse bien en su propia piel (Aucouturier, 2004, p.40). De ahí en adelante, a medida que crece y pueda ir integrando internamente la unión con su madre, el cachorro humano siempre buscará recrear ese vínculo en todas las acciones que impliquen su cuerpo y otros objetos (correr, saltar, construir, desarmar, llenar, vaciar, rodar, escapar, girar, caer, etc.) una y otra vez, para asegurar su continuidad... Para no volver a sentir el miedo a desaparecer, inconsciente y primitivo que nace de sus primeras interacciones con el mundo.
Ubuntü, es una palabra originaria de una tribu africana que tiene múltiples traducciones, entre ellas: "Yo soy porque nosotros somos".
En el fondo, pareciera transmitir una profunda verdad... Compartida por diferentes tradiciones y culturas en distintas épocas: no hay un "yo" sin un "tú"... Algo así como para recordar que estamos unidos, pues todos hemos nacido de un vientre, matriz generadora de vida, como una gran madre, universal y amorosa. Las distancias creadas sólo existen en nuestra mente pues no hay uno sin dos...
"Todos los seres vivos somos parte de un proceso integrado de transformaciones de la corteza terrestre, de modo que todos los seres vivos están históricamente interconectados en una red de relaciones que se va transformando en un presente cambiante".
Maturana, H. (2014) El sentido de lo humano, p.70.

Maravilloso
ResponderBorrar